Los “Condottieri”

Los condotieros (en italiano condottieri; singular condottiero) eran los capitanes de tropas mercenarias al servicio de las ciudades-estado italianas desde finales de la Edad Media hasta mediados del siglo XVI. La palabra condottiere deriva de condotta, término que designaba al contrato entre el capitán de mercenarios y el gobierno que alquilaba sus servicios.

Los condotieros consideraban la guerra como un verdadero arte. Sin embargo, sus intereses no eran siempre los mismos que los de los estados a cuyo servicio estaban. Buscaban riqueza, fama y tierras para sí, y no estaban ligados por lazos patrióticos a la causa por la que luchaban. Eran célebres por su falta de escrúpulos: podían cambiar de bando si encontraban un mejor postor antes o incluso durante la batalla. Conscientes de su poder, en ocasiones eran ellos los que imponían condiciones a sus supuestos patronos.

Durante los siglos XIII y XIV se hizo común en las prósperas ciudades-estado del norte de Italia recurrir para su defensa a la contratación de tropas de mercenarios. En un principio, estos mercenarios no eran italianos. A finales del siglo XIII y comienzos del XIV, las tropas mercenarias (entonces denominadas “masnade”) provenían principalmente de Alemania, Brabante (brabanzoni), Aragón y Cataluña.

Si bien al comienzo estas tropas de mercenarios apenas se distinguían de hordas de bandidos, con el tiempo se convirtieron en ejércitos disciplinados y bien organizados. Desde el siglo XV, los principales condotieros eran todos italianos, muchos de ellos segundones de casas nobiliarias. Procedían de todas las regiones de Italia, pero predominaban los originarios de Romaña, Lombardía, Piamonte y Umbría. El condotiero más famoso del siglo XV fue Giovanni dalle Bande Nere, de Forlì, hijo de Caterina Sforza, llamado “el último condotiero” (queriendo decir “el último condotiero famoso”). Su hijo fue Cosme I de Médicis, gran duque de Toscana.

El principio del fin de los condotieros llegó en 1494, cuando el rey francés Carlos VIII emprendió la primera invasión de Italia en más de un siglo. Sus tropas utilizaban masivamente la artillería, contra la que los condotieros no estaban preparados para combatir. Muchos de los condotieros más famosos decidieron entonces ponerse al servicio de potencias extranjeras: Gian Giacomo Trivulzio, por ejemplo, abandonó a Milán por Francia, y Andrea Doria se convirtió en almirante del emperador Carlos V.

Las Guerras Italianas, en las cuales la península fue invadida por los modernos ejércitos de los Habsburgo y de Francia, marcaron el final de la edad dorada de los condotieros, incapaces de hacer frente a los piqueros suizos, los lansquenetes alemanes, los mosqueteros ingleses, la caballería francesa o los tercios españoles. La práctica de la condotta ya había desaparecido hacia 1550. La palabra “condotiero”, sin embargo, continuó utilizándose para denominar a los grandes generales italianos, sobre todo cuando combatían al servicio de potencias extranjeras, tales como Marcantonio II Colonna y Raimondo Montecuccoli.

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