San Juan de Licópolis, también conocido como San Juan de Egipto o Juan Profeta de la Theibaid, fue un ermitaño nacido en el 305 en la baja Tebaida, en Licópolis, hoy Asiut, Egipto, siendo educado en el oficio de carpintero. Exceptuando a San Antonio, ningún ermitaño del desierto adquirió tan amplia fama como San Juan de Egipto, que fue consultado por emperadores y cuyas alabanzas fueron cantadas por San Jerónimo, Paladio, Casiano, San Agustín, y muchos otros.
A la edad de veinticinco años, abandonó el mundo y se puso bajo la dirección de un anciano anacoreta, quien, durante diez o doce años, lo ejercitó en la obediencia y abnegación de sí mismo. Tras la muerte del anciano, se retiró a la cumbre de una escarpada colina, cerca de Licópolis e hizo en la roca tres pequeñas celdas contiguas. Una como alcoba, otra como cuarto de trabajo y asistencia y la tercera como oratorio. Después tapió todos los accesos, dejando solamente una pequeña ventana, a través de la cual recibía las cosas necesarias para la vida y hablaba con aquellos que lo visitaban. Al principio, mientras llegó a acostumbrarse, padeció terriblemente, ya que no comía pan ni nada que fuera cocinado al fuego, pero continuó con su dieta desde los cuarenta hasta los noventa años.
El no fundó ninguna comunidad y sin embargo, se le consideraba como el padre de todos los ascetas de la comarca. San Juan fue especialmente famoso por sus profecías, sus milagros y su poder de leer los pensamientos y de descubrir los pecados secretos de aquellos que lo visitaban.
En el año 394, advertido por Dios de su próximo fin, cerró su ventana y ordenó que nadie se acercara a él durante tres días. Murió pacíficamente al fin de ese lapso de tiempo, estando de rodillas en oración. En 1901, la celda que él había ocupado fue descubierta cerca de Asyut.







