Archivo de la categoría ‘lugares’

Léucade

Viernes, 12 de Diciembre de 2008

leucade-saphoLéucade es una isla griega situada en el mar Jónico cercana a la de Ítaca. Su nombre está, al parecer, relacionado con leukós, “blanco”. Es posible que la roca Léucade haga referencia a una roca famosa de la isla desde la que se arrojaban al mar los enamorados no correspondidos.

Venus, que añoraba a Adonis y lloraba sin cesar su muerte, recurrió a la ciencia de Apolo, que le aconsejó que realizase el salto de Léucade. Obedeció la diosa y quedó en extremo sorprendida al ver que salía de las aguas tranquila y consolada.

Este remedio era reputado como infalible. La gente acudía a Léucade desde las más alejadas regiones. Se preparaban por medio de sacrificios y ofrendas, y se comprometían por medio de un acto religioso, persuadiéndose de que con la ayuda de Apolo sobrevivirían al peligroso salto; y que, desterrando para siempre las cuitas del amor, recobrarían la calma y la felicidad.

No se sabe a ciencia cierta quién fue el primer mortal que se atrevió a seguir el ejemplo de Venus. Pero consta que no hubo mujer alguna que sobreviviese a tan tremenda prueba, y que solamente algunos hombres pudieron resistirla; entre ellos, el poeta Nicóstrato.

La trágica muerte de Safo, la más célebre poetisa de la antigua Grecia, conocida como la Décima Musa, está estrechamente relacionada con este antiguo ritual. Enamorada de Faón, joven batelero de la ciudad de Mitilene, en Lesbos, trató por todos los medios de conseguir sus favores. Pero viéndose rechazada una y otra vez, va a Léucade, se arroja desde lo alto del peñasco y desaparece para siempre bajo las aguas.

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El Purgatorio

Miércoles, 10 de Diciembre de 2008

purgatoryEn la teología católica, el purgatorio es el lugar de limpieza y expiación donde, después de su muerte, las personas que han muerto sin pecado mortal (ofensa directa a Dios), pero que han cometido pecados leves en su vida, tienen que limpiar esas culpas para poder alcanzar el cielo. Debido a que todo aquél que entra en el Purgatorio terminará llegando al Cielo tarde o temprano, el purgatorio no es una forma del Infierno. Las plegarias por los muertos y las indulgencias pueden acortar la estadía de uno o varios de los seres queridos que estén en dicho lugar.

El tipo de penas que se padecen son equivalentes a las del infierno, pero no son eternas y purifican porque la persona no está empedernida en una opción por el mal. Por eso el Purgatorio es la purificación final de los elegidos, la última etapa de la santificación.

La Iglesia Ortodoxa de Oriente no acepta la existencia del purgatorio, pero tradicionalmente se ofrecen rezos a los muertos, pidiendo a Dios que les muestre su misericordia y amor, en lo que equivale a una admisión implícita de su existencia.

La mayoría de las iglesias protestantes rechazan de forma unánime la creencia en el purgatorio; de hecho, la Reforma luterana se inició precisamente con la denuncia que Lutero hizo contra la venta de indulgencias (dispensas eclesiásticas que liberaban a las almas del purgatorio a cambio de dinero) para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro. Con ellas se le pagó su trabajo a Miguel Ángel y muchos otros artistas. Lutero, monje apóstata, describe el purgatorio como una invención malintencionada del anticristo para confundir al hombre y hacerle creer que hay perdón después de la muerte por medio de la compra de indulgencias y otros mecanismos. Sin embargo, la Iglesia Católica no acepta esa visión, ya que ella considera que es preciso distinguir entre la remisión de la pena temporal y el perdón de los pecados propiamente dichos. Al estar el purgatorio basado en los libros que la Iglesia Católica Romana denomina con el nombre de deuterocanónicos, los protestantes decidieron rechazar la doctrina del purgatorio al considerar que dichos libros, propios del canon griego de la Septuaginta, sólo son lectura edificante, pero no son palabra inspirada por Dios, por lo que los han calificado como apócrifos; pero no sólo la Iglesia Católica se basa en dichos libros para comprobar la existencia del purgatorio, otros de los libros en los que se basa es el Apocálipsis y el Evangelio de San Mateo, entre otros. Esto lleva la discusión a decidir quién de estos antagonistas tiene autoridad para definir el canon de la Biblia y la doctrina cristiana misma.

En el Islam existen conceptos similares o compatibles con el católico romano, como el Barzaj, el lugar, período o secuencia de trámites por los que el alma espera el Juicio Final en lo que Mahoma describe como «las peores horas de la vida de un hombre». La idea de que las almas que van al infierno pueden sufrir allí la purificación y alcanzar el cielo, permite a algunos opinar que el infierno de los musulmanes es más parecido al purgatorio de los católicos que al infierno cristiano. Existe también el Araf, un alto muro o barrera en el que esperan los que han conseguido escapar del infierno, pero no han sido autorizados aún a entrar en el cielo. También se encuentran en ese lugar fronterizo las almas de los naturalmente inocentes, como los niños o los locos incapaces de distinguir el bien del mal.

Otro lugar que responde al mismo concepto es el Hamistagan o Hamestagan del zoroastrismo, donde las almas de los que presentan un balance equilibrado entre sus buenas y sus malas obras, encuentran la oportunidad que necesitan para ganar un sitio en el cielo. Algunos apologetas protestantes aprovechan esta coincidencia para hacer uno de sus frecuentes reproches de paganismo en las tradiciones católicas.

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Canal de Suez

Martes, 18 de Noviembre de 2008

El Canal de Suez es una vía artificial de navegación que une el mar Mediterráneo con el mar Rojo, entre África y Asia, a través del istmo de Suez, de la península del Sinaí. El canal se encuentra en territorio de Egipto.

Su longitud es de 163 km entre Puerto Said (en la ribera mediterránea) y Suez (en la costa del mar Rojo). Permitió acortar la ruta del comercio marítimo entre Europa y el sur de Asia, pues evitaba tener que rodear el continente africano.

Las obras de excavación del canal se iniciaron oficialmente el 25 de abril de 1859 por la empresa de Ferdinand de Lesseps, con la autorizacion de las autoridades egipcias de la época, y fue inaugurado en 1869. Para la ocasión, el compositor italiano Giuseppe Verdi compuso (por encargo) la ópera Aida. En el momento de la inauguración, Egipto poseía el 44% de las acciones y unos 21.000 franceses el resto.

El 26 de julio de 1956 el Presidente egipcio Gamal Abdel Nasser resolvió nacionalizar el canal con el objetivo de financiar en parte la construcción de la presa de Asuán y como respuesta a la negativa de Estados Unidos y Gran Bretaña para financiar el proyecto. La medida fue recibida con indignación por Francia e Inglaterra, principales accionistas del Canal de Suez y máximos beneficiarios del petróleo que circulaba por él. El 29 de octubre de ese mismo año, realizaron una desastrosa invasión a la zona junto a Palestina. Egipto, como represalia, hundió cuarenta barcos en el canal produciéndose un bloqueo total del mismo.

A principios de 1957, tras la intervención de la ONU, se completó la retirada de las potencias europeas e Israel. El canal se reabrió en el mismo año.

Desde entonces el Canal fue administrado por Nasser hasta su cierre en 1967, dentro de las hostilidades entre Egipto e Israel en la Guerra de los Seis Días, el cierre se produjo de nuevo como en 1956, por el bloqueo provocado por el hundimiento de varios barcos dentro del canal. Se reabrió en junio de 1975, permaneciendo desde entonces abierto al tráfico internacional hasta el día de hoy.

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Capilla Sixtina

Jueves, 30 de Octubre de 2008

La Capilla Sixtina es uno de los más famosos tesoros artísticos de la Ciudad del Vaticano, construida entre el 1471 y el 1484, en la época del papa Sixto IV, de donde procede el nombre por el que es conocida, aunque inicialmente se llamó Capilla Palatina. Su arquitecto fue Giovanni d’Dolci siguiendo los modelos de las antiguas plantas basilicales romanas las cuales por su parte se inspiraban estructural y arquitectónicamente en antiguos edificios griegos como el Concejo del Ágora ateniense.

Es conocida en todo el mundo tanto por ser la sala en la que se celebra el cónclave y otras ceremonias oficiales como las coronaciones papales, como por haber sido decorada por Michelangelo Buonarroti (Miguel Ángel). Se encuentra a la derecha de la Basílica de San Pedro, después de la Scala Regia (Escalera Real), y originalmente servía como capilla al interior de la fortaleza vaticana. Debe su nombre al Papa Sixto IV della Rovere (pontífice desde 1471 hasta 1484) quien hizo reestructurar la antigua Capilla Magna entre el año 1477 y el 1480.

La capilla es de forma rectangular y mide 40,93 m de longitud por 13,41 de anchura (las dimensiones del Templo de Salomón según el Antiguo Testamento). Su altura es de 20,7 m. Su decoración pictórica al fresco se inició recién terminada y en ella participaron Sandro Botticelli, Luca Signorelli, Perugino, Pinturicchio y Ghirlandaio entre otros.

La bóveda de la Capilla Sixtina estuvo decorada con un cielo raso de estrellas doradas sobre un fondo azul (simbología que se aplicaba al manto de la Virgen y que ya se encuentra en las decoraciones de cielorasos precristianos egipcios), obra de Pier Matteo d´Amelia, desde su construcción en 1484 hasta la intervención de Miguel Ángel entre 1508 y 1512.

El techo de la Capilla Sixtina se divide en varias secciones: La bóveda que es donde están pintadas las escenas del Génesis, los lunetos y las enjutas laterales que es donde están los antepasados de Cristo, los triangulos donde se encuentran los profetas y las enjutas de las esquinas o pechinas donde están las cuatro historias clave de la Salvación del pueblo de Dios.
Ahí se encuentra La creación de Adán, probablemente la escena más bella o en todo caso la más conocida.

El Juicio Universal, también conocido como Juicio Final, es tal vez una de las obras más perfectas de la larga y activa carrera de Miguel Ángel. Llena del espíritu de Dios que crea y destruye, una obra única que domina con la espléndida audacia de su creador.

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Convento de San Plácido

Lunes, 6 de Octubre de 2008

Fue fundado en Madrid en 1623 con el nombre de Monasterio de la Encarnación, de religiosas del orden de San Benito. Lo más destacable de su decoración interior fue, hasta su traslado al Museo del Prado, el famoso Cristo de Velázquez.

Cuatro años después de fundado el convento de San Plácido aconteció el primer suceso ruidoso que atrajo la atención de las gentes sobre aquella comunidad. Fue elegido confesor de esas monjas un fraile de la misma religión benedictina, llamado Juan Francisco García Calderón, varón cuya ciencia y virtud eran reconocidas y admiradas. Poco tiempo después una de las monjas empezó a manifestarse en estado de exaltación y arrebato, que llegaba a los más extraños furores, con tales violencias y desmanes en sus palabras y en sus obras, que fray Francisco la declaró energúmena, posesa del enemigo malo, sometiéndola al exorcismo para sacarla los demonios del cuerpo.

A los pocos días cayó en el mismo estado otra monja, y no tardó en hallarse en la misma situación la priora y, según el confesor, a fin de año el diablo había tomado posesión de veintiséis de las treinta monjas que allí había, salvándose esas cuatro seguramente porque su avanzada edad, o sus escasos atractivos físicos, las habían inmunizado contra los ataques de Lucifer. El caso fue que el Santo Oficio informóse de lo que ocurría, y prendiendo a fray Francisco, a la priora y a las monjas posesas, dio con todos en la cárcel de la Inquisición de Toledo.

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